Las personas de éxito o que triunfan en las organizaciones tienen tres cosas en común: motivación, aptitud y oportunidad. Para tener éxito necesitamos una combinación de trabajo duro, talento y suerte.

Además, hay un cuarto ingrediente decisivo para el éxito que a menudo ignoramos: la forma en que interactuamos con los demás.

Adam Grant, doctor en psicología de las organizaciones y profesor de éxito, sostiene en el libro “Dar y recibir” que el verdadero éxito se logra ayudando a los demás.

Cada vez que interactuamos con los demás, las personas nos diferenciamos por nuestras preferencias de reciprocidad: nuestra combinación favorita entre dar y recibir.

Existen dos tipos extremos opuestos en la reciprocidad:

  1. Los interesados. Aquellas personas que gustan de recibir más de lo que dan, inclinando la reciprocidad a su favor.
  2. Los generosos. Aquellas personas que prefieren dar más de lo que reciben.

Dentro del marco de nuestras relaciones personales más íntimas, según la investigación llevada a cabo por Margaret Clark, psicóloga de Yale, la mayoría de la gente actuamos como generosas. Contribuimos siempre que podemos sin tener en cuenta lo que recibimos con nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros padres…

Sin embargo, en el ámbito profesional, dar y recibir es más complicado. Pocos actuamos como generosos o interesados, sino que adoptamos un tercer estilo:

  1. Los equitativos. Aquellos que preservan el equilibrio entre dar y recibir. Cuando ayudan a otros se protegen buscando reciprocidad.

Generosos, interesados y equitativos pueden alcanzar el éxito por igual y, efectivamente, lo hacen. Sin embargo, cuando los primeros tienen éxito, ocurre algo muy peculiar: su éxito se extiende y cae en cascada hacia los demás.

Cuando los interesados ganan, es común que alguien pierda, reclaman para si la mayor porción posible de un “pastel fijo”. Sin embargo, el éxito del generoso crea valor, no sólo lo reclama para si, sino que “agranda el pastel” para que todos reciban una porción mayor, generando un efecto dominó que hace que otros ganen junto con él.

Los interesados son como agujeros negros que absorben la energía de quienes les rodean, Los generosos son soles: inyectan luz en las organizaciones donde están.

Ser generoso conlleva centrarse en actuar pensando en el interés de los demás: ayudar, actuar como mentor, compartir reconocimientos o establecer relaciones para con los otros. Sin embargo, además de potenciar las fortalezas de la generosidad, también debemos evitar sus escollos. Las personas demasiado generosas pueden acabar exhaustas e improductivas por ceder demasiado tiempo, demasiado reconocimiento y abusar de la comunicación persuasiva, de forma que se conviertan en un “tapete”, dejando de lado sus propios intereses.

Grant distingue entre los generosos desinteresados, (abnegados) y los generosos de éxito (alteristas).

Ser generoso desinteresado es poner a los demás por encima de uno mismo de tal forma que este desequilibrio acaba generando frustración, altos niveles de estrés, falta de autoestima y fracaso.

Ser alterista significa estar dispuesto a dar más de lo que se recibe, pero sin perder de vista los intereses propios, usándolos como guía para decidir cuándo, dónde, cómo y a quién dar.

¿Qué tipo de reciprocidad eliges?

Feliz día

 

 

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