El 12 de enero de 2007, el prestigioso violinista Joshua Bell realizó esta experiencia social para el Washington Post: tocó durante cuarenta y cinco minutos en una estación de metro de Washington D.C.

A simple vista nadie le reconoció. En los tres cuartos de hora que Joshua Bell tocó “La Chacona” de Bach, obra de un excepcional virtuosismo, tan sólo siete personas dejaron lo que estaban haciendo para escucharle y disfrutar de la actuación y al menos por un minuto una de ellas le reconoció y se acercó a decirle que le encantaba cómo tocaba y que le había visto en un gran concierto (hay un video en youtube donde puedes verlo: https://www.youtube.com/watch?v=hnOPu0_YWhw).

Lo más curioso es que tan sólo 3 días antes, Joshua Bell llenó el Symphony Hall de la Orquesta Sinfónica de Boston, en un concierto donde los asientos costaban de 100$ en adelante. El violinista decíaa esto tras la experiencia vivida:

«En una sala de música, me enfadaría si alguien tose o si se oye el sonido de un teléfono móvil. Pero aquí, mis expectativas disminuyeron rápidamente. Empecé a apreciar que no existía ningún tipo de reconocimiento, ni siquiera una leve mirada hacia arriba. Estaba extrañamente agradecido cuando alguien lanzó un dólar en vez de cambio» (Joshua Bell)

Vivimos continuamente en un mundo de expectativas. Esperamos estar a la altura de determinadas circunstancias, esperamos que los demás nos den tanto como nosotros a ellos, esperamos que nuestros amigos sean justos con nosotros, esperamos que nuestros íntimos nos digan la verdad, esperamos que nuestros hijos cambien sus hábitos o sus conductas, erc.

En términos generales, una expectativa es lo que se considera como lo más probable que suceda. Para la R.A.E. la palabra expectativa tiene varias acepciones, entre ellas: “Esperanza de realizar o conseguir algo” o “Posibilidad razonable de que algo suceda”.

Para conocer mejor el efecto de las expectativas en nuestra mente es importante conocer los siguientes conceptos:

  1. Los sesgos de confirmación

“Mientras desayuno, estoy pensando en llamar a un amigo con el que solo hablo un par de veces al año y por la tarde recibo una llamada suya”.

El término sesgo de confirmación, acuñado por el psicólogo inglés Peter Watson, nos dice, de forma sencilla, que las personas sentimos una imperiosa necesidad por confirmar, mediante información que así lo demuestre, las expectativas o creencias que nos hemos creado, ignorando lo que no encaja dentro de las mismas. Interpretamos de forma sesgada y selectiva y esto nos puede llevar a cometer algunas equivocaciones.

  1. El efecto placebo.

En medicina se conoce como placebo a la sustancia que carece de acción curativa, peor produce un efecto terapéutico en el enfermo si este está convencido de que es un medicamento auténtico.

Igualmente, aquello que pensamos y creemos sobre nuestras capacidades o habilidades tiene un efecto decisivo en nuestros resultados.

  1. La profecía autocumplida: el efecto Pigmalión.

Las creencias y expectativas que tenemos acerca de una persona afecta a su rendimiento y forma de comportarse. Influyen en sus propias creencias sobre lo que es o no capaz de conseguir. En otras palabras, la confianza que los demás tengan en nosotros puede darnos la fuerza necesaria para alcanzar los objetivos más difíciles.

¿Son las expectativas positivas o negativas?

La diferencia entre unas y otras están en cómo re-accionamos cuando no se cumplen.

Si ante una expectativa no cumplida, que nos provoca ira o enfado, somos capaces de conectar con nosotros mismos, reconocer nuestras necesidades insatisfechas y transformarlo en energía para cambiar, estamos ante expectativas positivas.

Por el contrario, si ante una expectativa no cumplida nos rompemos hacia dentro sintiéndonos indignos de merecer nada, escondiendo nuestras necesidades en lo más profundo y pensando que no vamos a llegar ahí donde queremos, se trata de expectativas negativas.

Encubrimos nuestras necesidades con pensamientos como:

  • “No está bien necesitar a nadie. Tenemos que aprender a ocuparnos de nosotros mismos”   
  • “No sirve de nada querer o necesitar algo porque de todas maneras no lo conseguiré” 
  • “Cuando expreso una necesidad solo consigo frustración, así que ¿Para qué molestarme?”

Así nuestras necesidades se sumergen en lo más profundo de nosotros y si las mantenemos inconscientes durante mucho tiempo nos llenaremos de miedo, dolor y desesperación por no llegar  a ser  aceptados,  comprendidos o amados y esto dificulta que emerjan a nuestra conciencia.

¿Qué hacer para reconocer nuestras expectativas?

  1. Darnos cuenta cuando nos sentimos decepcionados por algo y cómo reaccionamos: culpabilizando, resignándonos, aislándonos…
  2. Investigar qué hay detrás de nuestros juicios. A menudo, justo detrás de nuestros juicios hay algo que deseamos o esperamos de alguien.
  3. Elegir a alguien cercano a nosotros – una persona con la que mantengamos una relación muy importante- y fijarnos de qué manera podríamos culpar a esa persona: por todo lo malo que tenga, por lo que podría cambiar, por lo que no te da, por lo que te dice.Bajo cada acusación se encuentra una expectativa.
  4. Investigar en las diferentes áreas de nuestra vida. ¿Qué expectativas tenemos respecto a una relación? ¿Cómo queremos que alguien esté a nuestro lado en el aspecto emocional? ¿Qué expectativas tenemos sobre el compromiso de nuestro equipo con un determinado proyecto?

Todos tenemos expectativas. Hacerlas conscientes, reconocerlas y observar los juicios y las creencias que las sostienen es un primer paso que sin duda nos ayudará responder a las mismas con menos sufrimiento y dolor.

Feliz día

Fuentes: «El pequeño libro de la influencia y la persuasión» Javier Luxor. «De la codependencia a la libertad» Krishnananda

 

 

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