Algunos de nosotros hemos tenido que hacer frente a alguna adversidad o contrariedad importante en nuestras vidas y la mayoría cada día superamos dificultades, conflictos y contratiempos que, aunque no tengan un fuerte impacto en nosotros, muchas veces nos estresan, nos bloquean o nos superan.

La forma en como gestionemos las adversidades puede ser un impulso o un freno para nuestro desarrollo personal.

¿Cuál es la condición para que la adversidad sea un impulso y no un freno?

La respuesta está en nuestros mecanismos de defensa.

Los mecanismos de defensa son aquellos procedimientos que utilizamos para mantener nuestro equilibrio psicológico ante situaciones que nos producen desequilibrios.

El autor, consultor y doctor en Administración de Empresas Luis Huete, explica en su libro “Construye tu sueño 2.0” que básicamente podemos clasificarlos en dos tipos:

  1. Mecanismos de defensa “buenos” o “maduros. Aquellos que hacen que no somaticemos los conflictos, maduremos como personas y podamos progresar.
  2. Mecanismos de defensa “malos” o” inmaduros. Aquellos que hacen que somaticemos los conflictos, no maduremos y nos deterioremos como personas.

 

¿Qué mecanismos de defensa “inmaduros” no nos ayudan a superarnos como personas?

Principalmente son aquellos mecanismos que retroalimentan los problemas de fuera y crean problemas dentro de nosotros aunque, paradójicamente, son más fáciles y accesibles para nosotros que los mecanismos “buenos”. Estos son al menos diez:

  1. Echar la culpa a los demás de nuestros problemas. Aunque puede haber en ocasiones algo de verdad en echar la culpa a los demás, si mentalmente lo aceptamos, no nos sentimos obligados a hacer nada, presuponemos que “el otro” es malo. Esto nos lleva al victimismo y a la resignación
  1. Inventar razones con las que justificarnos por las cosas que no funcionan. Los “es que”, excusas que te exoneran de cualquier responsabilidad personal.
  2. Negarnos a ver las cosas tal y como son. Distorsionar la realidad para salvaguardar nuestros intereses. Una versión de este mecanismo sería nuestro “punto ciego”: aquella parte de la realidad que pone en tela de juicio las creencias que utilizamos para alimentar nuestras necesidades emocionales básicas. Cuantos más puntos ciegos tengamos mayor probabilidad de tropezar con la cruda realidad de la vida.
  1. Inhibirnos de afectos y pensamientos. Muchas veces lo hacemos de forma inconsciente para evitar el dolor que nos produce la adversidad (hacer como que no vemos, esconder la cabeza debajo del ala).
  2. Huir hacia delante creando problemas mayores. De forma atropellada nos lanzamos a hacer nuevas cosas que desvíen la atención del foco de la adversidad.
  3. Los celos y el deseo de controlar y manejar a los demás. El origen de esta respuesta es el miedo a perder algo valiosos. Esto ahoga y agota tanto a quien los sufre como a sus relaciones.
  4. Retirarnos de la realidad a través de fantasías. El alcohol, las drogas, los juegos, el sexo… Consiste en huir de forma disfuncional buscando consuelo en donde seguro no lo hay.
  5. Ser pasivos como forma de autocastigarnos. Nos acusamos como causantes de la adversidad y no hacemos nada para sufrir “justamente” por ello.
  6. Hipocondría. Somatizamos la adversidad en forma de dolor y así generamos una buena excusa para no superarnos enfrentándonos a la misma.
  7. Recurrir a conductas primitivas como la agresividad, la violencia o los abusos. Conductas que “huelen a podrido”, según el autor, y se utilizan para poner distancia al sinsentido de nuestras vidas de forma inmadura y dañina.

 

Entonces, ¿cuáles son los mecanismos de defensa “maduros” que nos ayudan a superarnos como personas?

También podemos enumerar al menos diez:

  1. Utilizar el conflicto para conocernos mejor. ¿Qué he aprendido? ¿Qué me enseña sobre mi mismo? ¿por qué ha ocurrido? Hacer que las dificultades sean útiles para mejorar los hábitos con los que pensamos, sentimos y actuamos.
  1. Razonar sobre el contenido de nuestra adversidad, separar, ir por partes y ver los matices. Descomponer la gran bola de nieve de los que nos sucede en partes y enfocarnos en aquellas que sean resolubles.
  1. Utilizar la adversidad para mejorar nuestra capacidad de anticipación. La adversidad puede valer para prever situaciones futuras similares y hacer frente a las mismas con los deberes hechos.
  1. Desplazar el foco de atención del conflicto hacia otros terrenos y actividades que nos ayuden a desconectar, rebajar la tensión y recargar las pilas (pasear, leer, ir al cine, etc.)
  2. Desdramatizar. Muchas veces magnificamos la carga emotiva de nuestras dificultades para llamar la atención y buscar compasión. Desdramatizar nos permite introducir la liviandad y tomar iniciativas inteligentes para encontrar buenas soluciones a la adversidad.
  1. Sentido del humor. Saber reírnos de las situaciones y de nosotros mismos, hablar de la adversidad sin personalizarla en exceso y descartando las tesis conspiratorias. Esto nos permitirá transitar por los problemas con más soltura e inteligencia.
  1. Afrontar la adversidad con altruismo y mentalidad de servicio. Buscar el bien de otros , ser generosos y agradecidos nos ayuda a hacer frente a los conflictos con ventaja, ya que son creencias poderosas.
  2. Canjear el placer y la gratificación inmediatos por una gratificación posterior sentida como más valiosa. Entrenarnos en la superación no es una carrera a corto plazo. Estar en forma en la carrera de nuestra vida es una carrera de fondo de superación personal y de contribución que requiere renunciar a aquellos hábitos que nos alejen de nuestros propósitos.
  1. Pensar sobre el conflicto de una manera que lo dignifique y tenga una finalidad positiva en nuestra vida. Descubrir las semillas de grandeza que esconden cada una de las circunstancias adversas que vivimos. Es creer que las cosas suceden por nuestro propio bien.
  1. Autocontrol para ganar temple. Ser fuertes y flexibles para interpretar nuestras adversidades como una posibilidad de incrementar nuestra energía positiva, de forma que genere iniciativas creativas y poco convencionales.

 En resumen, tomar conciencia de qué tipo de mecanismos de defensa utilizamos ante las adversidades y activar los mecanismos de defensa “maduros” a través de buenos hábitos nos ayudará a hacer frente a los desafíos de la vida de forma más eficiente y con un menor sufrimiento.

Feliz día

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